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La leche en la tercera edad.

Después de los 55 el cuidado de la salud es fundamental. Alquería te dice cómo la leche te puede ayudar con tu salud.

El estado nutricional es un factor determinante en la salud de los adultos mayores ya que, en caso de encontrarse alterado, constituye un factor de riesgo asociado a numerosas enfermedades crónicas y al deterioro del pronóstico de las enfermedades actuales; asimismo, muchas veces se entra en un círculo de enfermedad y desnutrición (Lucía Restrepo, 2006).
 
Al llegar a la tercera edad nos encontramos con muchos desafíos respecto a la nutrición. La pérdida del gusto y olfato provocan la reducción del apetito. Sumado a esto también se observa la falta de algunas piezas dentales y cambios de humor que comprometen aún más el aporte apropiado de nutrientes (Servicio Nacional del Consumidor, 2004). Esta dificultad para alimentarse usualmente se traduce en deficiencia de proteína ya que el adulto mayor considera difícil masticar alimentos fibrosos como la carne y el pollo. También se puede presentar boca seca, lo que hace que tragar pueda convertirse en un procedimiento doloroso (Universidad de Chile, Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos, 2016).
 
El bajo aporte de nutrientes, principalmente de la proteína, es una de las causas de la sarcopenia que es la pérdida gradual y generalizada de la masa muscular y, por ende, de la fuerza, llevando a la discapacidad física y a la baja calidad de vida (Alfonso J. Cruz-Jentoft, 2010). Igualmente, una pérdida de masa muscular lleva a una disminución de masa ósea, lo cual compromete aún más la calidad de vida y la vida (José Luis Casals Sánchez, 2004).
 
Por lo anterior, es muy importante tener en cuenta ciertas recomendaciones al momento de pensar en la alimentación de las personas de la tercera edad. Para empezar, debemos optar por un ambiente agradable e iluminado y disponer de un sitio cómodo para sentarse y disfrutar los alimentos. No debemos olvidar que una comida rica en colores y con buen aroma aumenta el apetito. Cortar la comida en trozos pequeños o utilizar texturas en forma de puré puede ayudar al consumo de los alimentos.
 
La calidad de los mismos es fundamental pues se considera que el tratamiento nutricional es parte fundamental en el manejo de la sarcopenia, y consiste en aumentar el consumo de proteína, calcio y vitamina D durante el día (Rosa Burgos, 2006). El consumo de lácteos y sus derivados (leche, yogurt, quesos) está ampliamente recomendado no solo por sus aportes de proteína de excelente calidad sino por su aporte de calcio y vitamina D (José Luis Casals Sánchez, 2004). Además, porque su textura puede ser agradable y de fácil consumo (Universidad de Chile, Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos, 2016). Recordemos que si existe intolerancia a la lactosa o a la grasa láctea, se pueden consumir lácteos deslactosados o bajos grasa, ya que el aporte de proteína y calcio permanece igual.
 
BIBLIOGRAFÍA:
 
– Alfonso J. Cruz-Jentoft, j. p. (2010). Sarcopenia: consenso europeo sobre su definición y diagnóstico. Oxford Journals, 412- 423.

– José Luis Casals Sánchez, P. P. (2004). Necesidades de calcio y vitamina D en ancianos con osteoporosis. Semergen.

– Lucía Restrepo, M. R. (2006). Los hábitos alimentarios en el adulto mayor y su relación con los procesos protectores y deteriorantes en salud. 500 – 510.

– Rosa Burgos (2006). Sarcopenia en ancianos. El Sevier, 335 – 344.
Servicio Nacional del Consumidor. (2004). Nutrición y cuidados del adulto mayor, Recomendaciones para una Alimentación saludable. Santiago de Chile.

Universidad de Chile, S. O. (n.d.). Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos. Consultado junio 2, 2016, del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos.

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